lunes, 21 de enero de 2008

Jesuitas audaces...

Jesuitas audaces (Borja Vivanco). El Correo

La elección de Adolfo Nicolás como superior general de la Compañía de Jesús es una sorpresa a medias. No aparecía en las quinielas que más se manejaban, pero su designación era bien verosímil. Y es que la Compañía de Jesús mira cada vez más a Oriente, como San Francisco Javier hace más de 400 años. Si en las últimas décadas la presencia o la influencia de los jesuitas en Europa han disminuido considerablemente y en África o América Latina más o menos se han mantenido, en Asia no han dejado de crecer. La mayoría de los jóvenes jesuitas provienen de este continente y, en algunos países como India, la Compañía conforma una de las columnas vertebrales de la Iglesia católica. Desde este punto de vista, es lógica y hasta necesaria la elección del español Adolfo Nicolás, hasta ayer superior de los Provinciales jesuitas de Asia y Oceanía, como nuevo sucesor de Ignacio de Loyola.

El padre Nicolás no estaba en las quinielas que, inicialmente, se anunciaban. Su perfil era demasiado parecido al bilbaíno Pedro Arrupe, prepósito general de la Compañía de Jesús desde 1965 a 1983. Español como Arrupe, Nicolás había sido destinado varias décadas en Japón y era conocida su gran admiración por el vasco y por su labor al frente de la orden.

Es así que su elección, muchos pensábamos, podía disparar las alarmas en aquellos sectores eclesiales, y sobre todo en la Santa Sede, que siguen viendo en el generalato de Arrupe uno de los momentos más desorientados de la historia de la Compañía de Jesús, por sus divisiones internas, las deserciones de jesuitas, la caída de vocaciones y los enfrentamientos con la doctrina oficial. Pero todo esto no ha hecho mella en los delegados reunidos en la curia generalicia, a sólo unos pasos del Vaticano. Siguen detectando, razonablemente, mucha más claridad que oscuridad en la era Arrupe.

Y es que después del Concilio Vaticano II, la Compañía de Jesús -bajo el liderazgo de Arrupe- vivió, a pesar de todos los errores que se pudieron cometer, una de sus épocas más creativas y que mayor popularidad despertaron dentro y fuera de la Iglesia católica. Arrupe y jóvenes jesuitas de aquel entonces como Adolfo Nicolás comprendieron que su misión en el mundo de hoy les reclamaba, por encima de todo, unir la evangelización con la lucha por la justicia, dialogar abiertamente con todo tipo de culturas, ideologías y religiones. No quisieron modificar nada del carisma original de la Compañía de Jesús. Más bien al contrario, quisieron recuperar lo más inédito del mensaje y de la espiritualidad de Ignacio de Loyola.

No es de esperar que el generalato del padre Nicolás sea muy largo. Es posible que no se prolongue más de una década, ya que el nuevo líder de los jesuitas supera los 70 años. Que Benedicto XVI haya aceptado la dimisión del general Peter Hans Kolvenbach, a sus 79 años, por razones de edad crea ya un precedente para el futuro en un cargo tradicionalmente de carácter vitalicio. Ni Pablo VI ni Juan Pablo II quisieron saber nada de los deseos de dimisión de Arrupe, quien quería abandonar su cargo cuando ya superaba los 65 años, presuponiendo, el vasco, que un jesuita más joven estaría más preparado para gobernar la Compañía de Jesús.

En suma, un generalato no muy prolongado -como el que se espera que Nicolás protagonice- permitirá hacer más maniobrable un giro en el rumbo de la Compañía de Jesús en el caso de que, por el motivo que fuera, los jesuitas lo vieran necesario. Esto es, seguramente, lo que también ayer desearon prever y manifestar los electores. Frente a lo que algunos pensaban, que Adolfo Nicolás sea, comparativamente a la mayoría de los participantes en la Congregación General XXXV, uno de los jesuitas de mayor edad le ofrecía más posibilidades de ser elegido.

No sólo los jesuitas de todo el planeta han vivido expectantes la elección del nuevo prepósito general. Muchos laicos, que amamos a la Compañía de Jesús y contemplamos en ella -por su historia, su espiritualidad o su carisma- una de las plataformas de apostolado más atractivas y eficaces de la Iglesia católica, hemos seguido con gran interés este proceso de elección. Estoy seguro de que todos nos sentimos, a estas horas, muy satisfechos por su resultado. Sabíamos que los jesuitas electores pasaban horas retirados, sólo pudiendo conversar en pareja y alimentándose de bocadillos o fruta. Les hemos enviado cientos de correos electrónicos, ofreciéndoles nuestras oraciones y nuestros mejores deseos, que ellos han respondido con prontitud y gratitud.

Pero los jesuitas sólo han hecho los deberes a medias. Ahora tienen que elaborar los decretos que orientarán a la orden de cara a los próximos días. Esto les llevará unas cuantas semanas. Y el Papa Benedicto XVI les recibirá en audiencia. Son conocidas las disonancias entre Ratzinger y muchos jesuitas, en cuestión de teología, moral y formas de apostolado. Como consecuencia, se han vivido momentos muy tensos, y el último de ellos, con ocasión de las puntualizaciones que El Vaticano ha realizado a las obras del jesuita, de origen vasco, Jon Sobrino. También hace unos días, el Papa ha enviado una carta a los jesuitas interpelándoles a que se mantengan fieles al magisterio oficial.

Por otro lado, es bien conocido que el único jesuita que ha sido nombrado obispo de una diócesis española, Juan Antonio Martínez Camino, es uno de los que menos se ha identificado con el rumbo de la Compañía de Jesús en el presente. Precisamente, ayer mismo fue consagrado con el orden episcopal en Madrid. Otros jesuitas españoles siguen siendo censurados y alguno de ellos, es el caso de Juan Masiá, se ha visto obligado a abandonar su labor docente en la Universidad. Por cierto que Juan Masiá, experto en bioética, ha colaborado estrechamente en Japón con el nuevo general, Adolfo Nicolás. El padre Nicolás y la Compañía de Jesús saben de todo esto. Tienen libertad para diseñar su estrategia y sus prioridades de cara al futuro, pero saben que es imprescindible no crispar, por lo menos en exceso, ni a la Santa Sede ni a los obispos. Por este motivo, es casi tan importante tener mano izquierda como discernir a la luz de la espiritualidad ignaciana o contar con la asistencia del Espíritu Santo. De todas formas, los jesuitas son también maestros en astucia, como la historia ha demostrado y han reconocido, a su pesar, aquéllos que a lo largo de los siglos se declaraban sus enemigos. De momento, con la elección de Adolfo Nicolás nos han hecho saber que siguen siendo audaces.

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Sarkozy reinstala a Dios y la religión en el proyecto diplomático francés.

JUAN PEDRO QUIÑONERO, CORRESPONSAL. PARÍS.

Nicolas Sarkozy reinstala a Dios y la religión en el proyecto diplomático francés, confirmando la reorientación de su política en cuatro ejes centrales: relanzar la UE, consolidar el puesto de Francia en la OTAN, «aumentar» la dimensión humanitaria de la diplomacia nacional, y poner tal estrategia al servicio de los intereses nacionales.

El presidente de la República aprovechó la ceremonia anual de la presentación de sus mejores deseos al cuerpo diplomático para insistir en estos dos puntos capitales: «Clima y religión son los dos grandes desafíos del siglo XXI».

Durante su reciente visita al Vaticano, el presidente francés había insistido en la importancia de la religión en la vida cívica. En Arabia Saudí, Sarkozy volvió a insistir en el puesto de la religión en la vida de los pueblos. La tarde del miércoles, Sarkozy recibió a los representantes de todos los cultos y religiones presentes en Francia, católicos, judíos, musulmanes, protestantes, ortodoxos, para confirmarles su visión oficial de su concepción laica del Estado: «Respeto de todas las sensibilidades espirituales, para facilitar el diálogo».

Ayer, Sarkozy matizó tal visión personal desde una óptica diplomática: «Es una realidad palmaria la vuelta de los religioso en todas nuestras sociedades, que ya había predicho, en su tiempo, André Malraux. El presidente citó las palabras del pensador francés: «El siglo XXI será religioso o no será». Mi convicción es que la religión, la espiritualidad, ocupa una parte esencial en la estructuración de la sociedad internacional del siglo XXI. Y esa importancia de la religión en la estructuración de la nueva realidad internacional quizá sea más profunda que las realidades ideológicas durante el siglo XX».

Sarkozy ya subrayó, en su día, la importancia de la religión cristiana en la formación de Francia. Su visión del puesto de la religión en la nueva sociedad internacional deja en suspenso las relaciones entre el cristianismo, el islam, el judaísmo, y otras religiones.

Se trata de una novedad radical en la acción diplomática de Francia. A juicio del presidente Sarkozy, la religión, el clima y los desequilibrios ecológicos «son los dos grandes desafíos del siglo XXI».

En un plano mucho menos espiritual, el presidente francés recordó al cuerpo diplomático los frentes inmediatos de la diplomacia francesa: relanzar la UE y echar los cimientos de la Unión mediterránea; «nueva aproximación» francesa a la OTAN, a lo largo de los próximos meses; «consolidación» de las relaciones de París y Washington, con una implantación militar permanente en el Golfo; «activismo humanitario más enérgico», ante las numerosas crisis que se multiplican en el continente africano; acción permanente en defensa de los intereses económicos nacionales, incluso vendiendo tecnología nuclear a los países árabes.

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Ambición (Citas) III...

  • Un hombre sin virtud no puede morar mucho tiempo en la adversidad, ni tampoco en la felicidad; pero el hombre virtuoso descansa en la virtud, y el hombre sabio la ambiciona. Confucio (551-479 a.C.)
  • La ambición es el último refugio de todo fracaso. Oscar Wilde (1854-1900)
  • La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres mas viles. Por eso, para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse. Jonathan Swift (1667-1745)
  • Ser visto es la ambición de los fantasmas; ser recordado, la de la muerte. Anónimo.
  • Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición, que no sea con daño de tercero. M. de Cervantes, Coloquio de los perros.
  • ¡La ambición! Inmortal óleo divino con que Dios purifica el barro humano. Francisco Villaespesa.
  • La ambición es una lujuria nunca satisfecha, pero que se hace más inflamada y loca al disfrutarla. Otway
  • Sólo por temor al palo se contenta cada cual en el disfrute de lo que le corresponde. Leyes de Manú, VII, 22.
  • Lo propio pierde quien lo ajeno busca. G. Álvarez de Toledo, La Burromaquia, rebuzno primero.
  • La ambición es el estiércol de la gloria. P. Aretino, Lettere.
  • Suprime la vanidad en las mujeres y habrás suprimido la mitad, por lo menos, de la ambición de los hombres. J. Benavente, La ciudad alegre y confiada, acto II, esc.VI
  • Todos son ambiciosos; pero nadie confiesa su ambición sino cuando se ve favorecido por la fortuna. A. de Bersancourt, Notules, 237.
  • Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza cuanto por el afán de la riqueza. L.G. de Bonald, Recherches philosophiques.
  • La ambición es la única potencia que puede luchar con el amor. C. Cibber, Caesar in Egypt, acto I.
  • La codicia coge y ciega todas las potencias. V. Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón, rel.3, des.2.
  • El que ambiciona lo ajeno pierde temprano lo propio. Fedro, Fábulas, I, 4.
  • El que aspira a algo grande, ha de saber limitar sus deseos; quien, al contrario, todo lo quiere, no ambiciona, en realidad, nada y nada consigue. F. Hegel, Enzyclopädie d. philosoph. Wissenschaft, I (1817).
  • El esclavo no tiene más que un dueño; el ambicioso tiene tantos cuantas son las personas que pueden ser útiles a su fortuna. J. de la Bruyère, Caractéres: De la Cour.
  • La mayoría de las gentes triunfaría en las cosas pequeñas si no estuviera hostigada por grandes ambiciones. H.W. Longfellow, Drift-wood: Table-Talk.
  • Todos los infortunios de los hombres derivan de no saber estarse tranquilos en su casa. B. Pascal, Pensées, XXVI.
  • Los hombres apetecen todo lo que no tienen; las mujeres sólo ambicionan lo que otras mujeres poseen. L.A. Pétiet, Pensées, maximes et réflexions, 9.
  • Mientras vamos en pos de lo incierto, perdemos lo seguro. Plauto, Pseudolus, II, 3, 19.
  • Mas quisiera ser el primero entre éstos, que el segundo en Roma. Plutarco, Vidas paralelas, César.
  • Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más. F. de Quevedo y Villegas, Las cuatro pestes del mundo: Pobreza.
  • La ambición, aunque es en sí misma un vicio, frecuentemente es madre de virtudes. M.F. Quintiliano, De Institutione Oratoria, libro I, cap. II.
  • La consecuencia concreta de nuestra actual apetencia por alcanzar riquezas en plazo perentorio, es el sacrificar con nuestras propias manos un número determinado de personas cada año. J. Ruskin, The Two paths, V; The work of Iron, Londres, 1907, pág. 217.
  • Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio. Tácito, Historias, II, 74.
  • Luchar para comer es duro, luchar para dominar es ridículo. E. Thiaudière, Notes d'un pessimiste, 13.
  • La ambición no se hermana bien con la bondad, sino con el orgullo, la astucia y la crueldad. L. Tolstoi, La salvación está en vosotros.

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Ambición (Citas) II...

J. Ruiz, Arcipreste de Hita:
  • Quien busca lo que no pierde, lo que tien' deve perder. Libro de buen amor, estr. 951.
  • Non dexes lo ganado por lo qu'es por ganar. Libro de buen amor, estr. 995.

S.R.N. Chamfort:
  • Hay personas que siempre quieren ir delante de todos, elevarse a cualquier costa por encima de los demás. Con tal de figurar en lugar preeminente, todo lo darán por bueno: la plataforma de un charlatán, el escenario de un teatro, un trono, un patíbulo, les servirán igualmente si desde allí atraen las miradas de las gentes. Maximes et pensées, I, 64.
  • La ambición hace presa más fácilmente en las almas mezquinas que en las nobles; lo mismo que el fuego prende con más rapidez en la paja y en las chozas que en los palacios. Maximes et pensées, LXVIII.
  • El amor es una locura simpática; la ambición, una seria mentecatez. Maximes et pensées, II, 158.

W. Shakespeare:
  • La ambición en sí, no es realmente más que la sombra de un sueño. Hamlet, acto II, esc. 2.
  • La ambición debería estar hecha de un tejido más consistente. Julius Caesar, III, 2.
  • En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser. Lucrecia, estr. 22.

  • Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo. Fernando Pessoa (1888-1935)
  • Tengo 25 años, 70 centavos en el bolsillo y una sola ambición: llegar a ser actor. Osvaldo Terranova (1923-1984) Actor argentino.
  • La poesía es la ambición de discurrir, que aspira a verse cargada de más sentidos y ungida de más música, que el lenguaje ordinario. Paul Valery (1871-1945)
  • Ambición sin conocimientos es como un bote en tierra. (Bern Williams)
  • La gran ambición de las mujeres es inspirar amor. Moliere (1622-1673)
  • Cualquier mujer que aspire a comportarse como un hombre, seguro que carece de ambición. (Dorothy Parker)
  • El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea. El hombre libre nada desea. (Edward Young)
  • La sangre sirve sólo para lavar las manos de la ambición. Lord Byron (1788-1824)
  • La ambición de dominar sobre los espíritus es la más poderosa de todas las pasiones. Napoleón Bonaparte (1769-1821)
  • Ambición y amor son las alas de las grandes acciones. J.W. Goethe, Iphigenie (1787).
  • Ambiciona honor, no honores. Francesco Guicciardini (1483-1540)
  • Una esperanza reaviva otra esperanza; una ambición, otra ambición. Séneca (2-65 a.C.)

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Ambición (Citas)...

El fausto, la riqueza y el estado
hincha, pero no harta, al más templado.
A. de Ercilla y Zúñiga,
[La Araucana, canto III, estr. 2.

A un monte una vez subí,
y de cansado me eché;
más luego que lo bajé,
de confiado caí.
¡Déjame, ambición, aquí
hasta morir descansado!
¿Qué ganaré ambicionando,
si cuanto más suba, entiendo
que me he de cansar subiendo,
y me he de caer bajando?
Campoamor

El que me niega lo que no merezco,
me da advertencia, no me quita nada;
que en ambición sin méritos premiada,
más me deshonro yo que me enriquezco.
F. de Quevedo y Villegas,
[Parnaso español: Polymnia, 113.

(Porque) tales sois los hombres,
que ponéis vuestra afición
en lo que hace competencia,
pero no en lo que es mejor.
F. de Rojas Zorrilla,
[Nuestª Sñª de Atocha, jorn.1ª

Aunque pudiese alcanzar
cuanto puedo pretender,
viendo que se ha de acabar,
nada me atrevo a querer,
nada oso desear.
F. Lope de Vega Carpio,
[Pastores de Belén, libro V.

Arroyo, ¿en qué ha de parar
tanto anhelar y subir?
Tú, por ser Guadalquivir;
Guadalquivir, por ser mar;
Carrilejo, en acabar
sin caudales y sin nombres,
para ejemplo de los hombres.
L. de Góngora y Argote,
[Letrillas burlescas, 1.

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Ambición (Proverbios y Refranes)...

  • El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
  • La avaricia y la ambición, congelan al corazón.
  • El que sacrifica su conciencia a la ambición, quema una pintura para obtener las cenizas. Proverbio chino
  • La ambición y la venganza siempre tienen hambre.

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Efemérides día 21 de Enero.

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