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jueves, 24 de enero de 2008

Emiten amenaza contra musulmanes conversos que cambien de religión...

Emiten amenaza contra musulmanes conversos que cambien de religión - El Universal - El Mundo

La principal institución sunita del mundo, Al Azhar, ha emitido una fetua en la que pide castigar según la ley islámica a los musulmanes conversos que deseen volver al cristianismo, lo que puede llegar a acarrearles la pena de muerte.

Según informa hoy el diario independiente egipcio "Al Dostur" , ese decreto jurídico se debe aplicar a las personas que se conviertan al Islam por "motivos personales" como contraer matrimonio con una musulmana, y que, una vez casados, regresen a su antigua religión.

Pese a que la fetua, emitida tras una instancia judicial, no especifica el tipo de castigo y se limita a decir que debe ser según la ley islámica o "sharia" , algunos clérigos musulmanes aseguraron a este diario que la pena para este caso es la ejecución.

Según el periódico, los tribunales egipcios juzgan 148 casos de musulmanes conversos que quieren volver al cristianismo desde junio de 2006.

Un abogado especialista en estos casos, Ramsis al Nagar declaró al periódico que la aplicación de la nueva fetua será "una catástrofe" porque permitirá a Al Azhar, una institución religiosa, imponer castigos para un delito que ni siquiera está contemplado por las leyes egipcias.

Como la Iglesia Copta (ortodoxa de Oriente) no permite el divorcio salvo en casos excepcionales, algunos cristianos se convierten al Islam para separarse de sus cónyuges.

surprise

martes, 15 de enero de 2008

Daniel C. Dennett, Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural (Katz)

RC - Artículos - Daniel C. Dennett, Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural (Katz) - Página 1

Siempre se ha dicho que la religión es la relación del ser humano con lo sobrenatural. Desde hace más de un siglo, sin embargo, la sociología de la religión ha estudiado el asunto como fenómeno cultural o social. El filósofo Daniel C. Dennett va un poco más allá y, en sintonía con Richard Dawkins (aunque el libro que comentamos fue publicado unos meses antes que el del inglés), lo aborda como fenómeno natural. Incluso si Dios existiese, afirma Dennett, la religión sería un fenómeno natural, como lo es el cáncer.Y si el cáncer es objeto de investigación científica, la religión no lo ha de ser menos. Dennett tiene la percepción de que los creyentes se aferran al dogma de que la religión es un asunto que no puede investigarse, pues tiene que ver con el ámbito de «lo sobrenatural»; según él, tras esta actitud se esconde la inseguridad de quien, temiendo que no sea así, prefiere que la investigación no destape la verdad.

El tema es tan delicado que nuestro autor dedica casi un tercio de su libro a disipar los temores que suelen plantearse frente al análisis racional del fenómeno religioso. Más que conseguirlo, obtiene un curioso efecto lateral: produce la impresión de que es el propio Dennett quien teme entrar al trapo en el asunto de la religión, pues al plantear de un modo tan prolijo y reiterativo la reticencia existente a un tratamiento científico de la religión, el lector pronto empieza a preguntarse si no estará amplificando el eco de las prevenciones que suelen anteponerse en el estudio de este importante asunto. Lo cierto es que el libro va dirigido expresamente al público medio norteamericano, que podría considerarse más terco e impermeable ante la crítica pero, aun así, uno se pregunta: ¿acaso los lectores habituales de los libros de Dennett son creyentes obcecados, de los que no están dispuestos a conceder ni la posibilidad de un estudio científico de la religión? ¿Son necesarias las 125 primeras páginas -toda la primera parte de la obra, titulada «Abriendo la caja de Pandora»- para prepararnos psicológicamente de cara a lo que ha de venir después?

Desde el punto de vista de Dennett, si queremos explicar por qué la gente parece necesitar una religión, la manera más sabia de abordarlo radica en formular algún intento de respuesta a la pregunta clave del enfoque darwinista: Cui bono? ¿Quién se beneficia de ello? No quién se hace rico, ni quién adquiere más poder para dominar a otros, sino ¿qué reporta, en qué ha ayudado, en qué ha contribuido a la superación de presiones ambientales, de qué manera han promovido las creencias religiosas la supervivencia y la reproducción? A pesar de los costes que comportó para los humanos del pasado la práctica de la religión, hubo de contribuir en última instancia a una mayor eficacia biológica; de otro modo no se hubiera seleccionado la tendencia humana a creer en lo sobrenatural. Dennett explora diversas hipótesis que explican la religión con un enfoque evolucionista.

Una de ellas iguala las creencias religiosas con el azúcar o la grasa; el gusto humano por los alimentos dulces o grasos surgió en una fase de nuestra evolución en la que era necesario proveerse de ocasionales fuentes de energía (en forma de glucosa o grasas). La creencia en Dios es estimulante en el mismo sentido: una especie de sacarina para el cerebro. Ante la ausencia de explicaciones más racionales, la mente primitiva necesitó recurrir a la creencia en lo sobrenatural para dominar cognitivamente el entorno. Era cuestión de supervivencia. Pero igual que hoy en día el fácil acceso al azúcar o la grasa ocasiona problemas de diabetes u obesidad, las creencias religiosas han sobreestimulado nuestra innata tendencia a encontrar respuestas fáciles e inmediatas a lo que nos ocurre, lo que explica que muchos humanos se hayan quedado anclados en la atávica costumbre de recurrir a lo sobrenatural en una época en la que ya disponemos de mejores alternativas.

¿Y si admitiéramos que no es una tendencia genéticamente incorporada, sino culturalmente transmitida? No sería tan grande la diferencia, pues al fin y al cabo la explicación mantendría la misma línea maestra: la tendencia a creer en lo sobrenatural es fruto de la evolución (biológica y cultural) por selección natural. Los genes predisponen al aprendizaje de memes -unidades culturales transmisibles tanto horizontalmente como de generación a generación-, y éstos se difunden, de manera infinitamente más rápida, por una selección cultural sujeta a variaciones no siempre aleatorias. Dennett se hace eco de la teoría de los memes puesta en circulación por Richard Dawkins y le confiere la máxima credibilidad. En esta teoría, los beneficiarios no son los individuos que transmiten los memes, sino los memes mismos, que son una suerte de simbiontes microbianos, unos parásitos que se instalan en el cerebro y aprovechan la menor oportunidad para expandirse, colonizando otras mentes. Los memes no se propagan a través de la descendencia, sino de los medios propios de la difusión cultural. El simbionte de la religión, que podría bautizarse como Cultus religiosus, ha prosperado exitosamente gracias, en parte, a los beneficios psicológicos que genera en sus hospedadores, pero también debido a su capacidad de generar mecanismos de opresión contra quienes se resisten a ser infectados por él.

Otra hipótesis, no incompatible con las anteriores, es la que apela a la selección sexual. Tal vez, reconoce Dennett, la religión sea como el jardín del capulinero, una construcción enormemente costosa, llena de elementos brillantes y coloristas que resultaba atractiva para las hembras de la especie. Quizás en el Paleolítico a las hembras de la especie humana les atraían los hombres que mostraban sensibilidad hacia la ceremonia y la música por parecer mejores proveedores; y, de hecho, probablemente lo fueran y tuvieran más hijos y más nietos que quienes carecían de esta sensibilidad, propagando el gusto por la ceremonia entre sus descendientes. No es una idea alocada: lo cierto es que el talento musical atrae a las mujeres, y esto hace que se vendan millones de guitarras al año.

Cabe considerar también la posibilidad de que la religión haya sido fruto de una convergencia evolutiva de tipo cultural. Igual que los sistemas monetarios han aparecido independientemente en distintas culturas, las religiones podrían haber surgido en muchos lugares cumpliendo funciones análogas y evolucionando hacia rasgos comunes sin previo contacto. Entre estas funciones destaca Dennett los beneficios sociales que reportan las creencias religiosas: hacen la vida en grupo más segura, armoniosa y eficiente, permiten que una élite controle al resto de la sociedad, e incluso podría hablarse de un beneficio de la sociedad en su conjunto, más que de sus miembros. En este caso estaríamos contemplando un fenómeno de selección de grupo , si desde la perspectiva de la competencia intergrupal observamos que aquellos colectivos en los que han arraigado las creencias están mejor cohesionados y son más cooperativos que otros en los que las creencias religiosas no están tan implantadas, y eso facilitaría su perpetuación a expensas de los grupos rivales.

No hay que desdeñar, por último, la idea de que la religión puede ser simplemente un subproducto. Podría haber surgido como respuesta, en principio poco significativa, a algún hecho también poco significativo, y a partir de ahí habría ido evolucionando igual que lo hace una perla en el interior de la ostra que se defiende acumulando minerales contra algún agente patógeno, y que más allá de su propósito original acaba construyendo una brillante esfera, de alto valor para los humanos.

Sea como fuere, las religiones primitivas, de carácter animista, están construidas sobre la base de la atribución de intenciones (creencias y deseos) a entidades no humanas. Como aproximación cognitiva a muchos fenómenos complejos, el animismo es indudablemente útil para la supervivencia. Incluso cuando el fenómeno no se asemeja a un agente consciente -por ejemplo, las nubes-, es sencillo considerarlo como algo manipulado por un agente -el dios de la lluvia- que provoca sus acciones. Todo aquello que nos afecta se entiende y controla mejor si lo consideramos como un agente que interactúa con nosotros o frente a nosotros. Así es como funciona la mente: el cerebro tiene un sesgo para la identificación de agencias intencionales en nuestro entorno, un sesgo que todavía utilizamos tanto para entender fenómenos sociales como procesos económicos o el funcionamiento de cualquier artilugio tecnológico. Es algo en lo que Dennett ha insistido suficientemente en libros anteriores. En el que ahora nos ocupa, incluye las creencias religiosas en el mismo esquema: se trata, simplemente, de atribuciones de intencionalidad a entidades imaginarias que han superado la prueba del paso del tiempo.

Siguiendo a Pascal Boyer, una de las principales funciones de la creencia en una entidad sobrenatural es que se trata, casi siempre, de agentes de acceso completo. En casi todas las tradiciones religiosas los antepasados son seres omniscientes de los que uno no puede esconderse ni en sus más íntimos pensamientos. Hoy nos parece una idea terriblemente contraproducente para el ejercicio de la libertad individual (¡socava el derecho a la intimidad!), pero en tiempos pasados tuvo una importante función: servía de ayuda para la toma de decisiones. En efecto, simplifico muchísimo el pensamiento de qué he de hacer ante cualquier situación dada si me planteo: «¿qué querrían mis antepasados que yo hiciera en tal situación?». Más fuerza tiene aún la pregunta si creo que los antepasados tienen, de hecho, un acceso ilimitado a mi experiencia, pues la fórmula quedaría así actualizada: «¿qué quieren mis antepasados que yo haga ahora?».

Una creencia bien asentada en la tradición era mucho más sólida que cualquier novedosa reflexión racional entre los cazadores-recolectores del Paleolítico. La incompletud del conocimiento era tan gravosa que valía la pena recurrir antes a un mito que a una mala explicación naturalista. Sin duda, es más adaptativo explicarse los fenómenos apelando a lo sobrenatural que no poder explicárselos.

La idea central del libro surge cuando, una vez consumado un intento de explicación de la emergencia de las creencias religiosas en el pasado de la humanidad, el filósofo de Tufts se plantea por qué razón de fondo, en un mundo secularizado y científicamente avanzado como en el que vivimos hoy, tienen todavía tanto predicamento dichas creencias. No sería lógico si suponemos que la ciencia ha desplazado por completo al mito y la religión en la explicación del mundo objetivo, pero quizá resulte más comprensible el fenómeno si tenemos en cuenta que las creencias metafísicas son, para la mayoría, todavía más importantes que las ideas científicas, incluso que las políticas.

Entre las creencias metafísicas está la creencia en la libre voluntad, muy importante, sin duda, y abordada por Dennett en un trabajo anterior. Por mucho que nos digan que el mundo es a nuestra escala determinista, creemos en el indeterminismo de la libertad de acción. Otra de esas creencias inamovibles es la creencia en que está bien creer en Dios. Aunque no exista ninguna evidencia a favor de ello, estamos tan persuadidos de que la religión es buena y de que las creencias de tipo religioso son consoladoras, reconfortantes y esperanzadoras, que, por lo general, la gente no altera su actitud cuando pierde la fe. ¿Qué hace la gente cuando descubre que ya no cree en Dios? Muchos de ellos no hacen nada; algunos ni siquiera se lo comunican a sus seres queridos, otros no dejan siquiera de ir la iglesia. ¿Por qué? Quizá porque poseen la firme convicción de que la creencia en Dios es algo a preservar y, por ello, en lugar de desecharla de un modo decidido, la sustituyen por una concepción más abstracta y despersonalizada de Dios. O dejan de creer directamente en Dios para creer en la creencia en Dios.

La religión tiene anticuerpos contra el escepticismo. Los fieles de todas las confesiones religiosas, es decir, casi todos los seres humanos del planeta, hemos sido educados en la idea de que cuestionar la fe es algo insultante o irrespetuoso. Las creencias religiosas tradicionales se han defendido durante siglos protegiéndose mediante la estrategia de la criminalización del contrario. Dennett lo había advertido en la primera parte de su libro: ¿por qué esta resistencia a aceptar que la religión sea susceptible de investigación científica? Porque es un sistema de ideas autoprotegido contra su eventual desaparición.

Un síntoma de ello es que, aunque ahora pocos creen en el Dios de la Biblia tal y como allí se presenta literalmente, y aunque se tiende más bien a creer en un «algo» despersonalizado y apenas providente que está detrás de todo como un puro misterio insondable, el lenguaje de las creencias casi no ha cambiado. No lo llaman Poder Superior u otra cosa, sino Dios. La respuesta que nos brinda Dennett a esta paradoja es simple: estos creyentes no creen tanto en Dios como en la creencia en Dios, pues ante todo se mueven por su aprecio al hecho de profesar la fe , y eso es lo que les lleva a mantener la continuidad de la nomenclatura religiosa al uso.

Profesar la fe es más interesante hoy día que tener fe. El objeto -la fe- ha quedado desplazado por la actitud. De manera parecida, podríamos resumir la idea central de Dennett diciendo que el objeto de la religión, tradicionalmente Dios, ha dejado de ser el objeto de las evolucionadas creencias religiosas de hoy; el verdadero objeto es hoy en día la misma creencia en Dios. Ya no importa si hay algo real que creó el universo o se inmiscuye en nuestras vidas: importa la idea de Dios (lo que llama Dennett el «objeto intencional»). O, si se prefiere, el pensamiento de Dios. La gente quiere pensar en Dios porque se siente mejor si lo hace, independientemente de si creen o no creen que existe tal Dios.

La diferencia entre creer en Dios y creer en la creencia en Dios es importante para entender la pervivencia de la religión en Occidente. En un mundo secularizado como el nuestro, uno puede creer en la creencia en Dios sin necesidad de creer en Dios. Esto es posible porque, aun sin fe, uno puede considerar que la fe es un estado mental que vale la pena. Hay teólogos cristianos que insisten en este punto, incitando al descreído a atreverse a tener fe para ver qué maravilloso mundo de sensaciones profundas se le abrirán con la experiencia. No cuestionarán si Dios es real o imaginario: esto ya no importa. Lo que importa es el hecho de pensar en Él.

La fe había sido siempre aceptación de la revelación divina. Hoy es, más bien, la confianza personalizada, psíquicamente satisfactoria, en un Dios apofático (inefable, incognoscible, más allá del alcance humano). Es el diagnóstico de Dennett: Dios ha desaparecido de la escena y en su lugar ha emergido la mente humana.

El libro termina precisamente analizando las relaciones entre moral y religión. Es cierto que la religión desempeña un papel importante como fundamento de la moral, pero está suficientemente probado que quienes no creen no son «moralmente peores»: en la población presidiaria de Estados Unidos, asegura Dennett, están representadas todas las confesiones (católicos, protestantes, musulmanes, judíos, pero también no creyentes) en una proporción similar a la que se encuentra en la población general. Si nos atenemos a los «valores familiares», los ateos tienen un índice de divorcios inferior a los cristianos. No hacen falta más comprobaciones para convencerse de que la ética no encuentra mejor acomodo bajo el paraguas de las doctrinas religiosas que de unos valores morales cívicos o individuales huérfanos de todo fundamento divino. Como también recoge Dawkins en The God Delusion, Dennett se hace eco de aquellas filosofías que buscan para la ética fuentes no religiosas, y coincide con el inglés en que una moral basada exclusivamente en códigos sagrados es más propia de personas infantiles o inmaduras que de mentes reflexivas: aducir que «Dios lo quiere así» no sólo no es válido como argumento, sino que supone una claudicación de la inteligencia. Pero, a diferencia del primero, Dennett reconoce el importante papel que el fundamento religioso de la moral ha desempeñado tradicionalmente en la solución pacífica de los conflictos. Pues la idea de que Dios vigila la conducta correcta permite a cualquiera de las dos partes enfrentadas confiar en el cumplimiento de sus contratos o promesas por parte del otro. Obviamente, hoy disponemos de garantías jurídicas y no necesitamos esta forma de absoluto para asegurar el cumplimiento de los acuerdos. Cínicamente expresado, cuando se dice que la gente necesita la religión, lo que quiere decirse es que la gente necesita la policía.

Ni socavamos los cimientos de la ética cuestionando la religión, ni ello nos aboca a una desencantada posición materialista donde ya no tiene asiento la espiritualidad. El término espiritualidad es fuente de confusiones varias. En el curso de sus indagaciones sobre el tema de las creencias religiosas, Dennett dice haber escuchado muchas veces que el hombre siente una «profunda necesidad» de espiritualidad. Todo el mundo cree saber a qué se refiere con el término «espiritualidad», pero nadie osa definirlo, como le ocurría a Louis Armstrong con el jazz («si me preguntan qué es, ya no sé lo que es»). Se contrapone «espiritualidad» a «materialismo» y se piensa que tal necesidad es una tendencia irrefrenable a creer en lo sobrenatural. Ésta es la primera gran confusión. A contracorriente de esta común actitud, Dennett se esfuerza por ofrecer una definición de la espiritualidad: no es nada que tenga que ver con la religión, sino más bien con una cierta actitud vital de descubrimiento de la insondable profundidad y belleza de cuanto nos rodea. Y, por supuesto, tampoco tiene nada que ver con la bondad moral. Esta es la segunda gran confusión. Puestos a disiparla, no tenemos más que escoger el mejor ejemplo que encarna esta falaz identificación entre espiritualidad y bondad: el monje contemplativo (cristiano, budista o de cualquier otra religión). A diferencia de aquellas monjas que hacen un duro trabajo en escuelas u hospitales, quien se retira del mundo para entregarse a la purificación de su alma no puede ser considerado moralmente superior a quien se dedica devotamente a mejorar su colección de ellos o a la práctica del golf.

La propuesta de Dennett, en síntesis, es la de un evolucionista que entiende la emergencia de la religión por su originario poder explicativo. Su indiscutible triunfo histórico se debe al hecho de que se propaga exitosamente como un meme bien autoprotegido que encaja en gran variedad de expectativas psicológicas. Que haya evolucionado de la manera en que lo ha hecho hasta hoy no significa, sin embargo, que sea buena para nosotros (como no lo es el tabaco, que también ha evolucionado con éxito). La pervivencia actual de las religiones dice mucho acerca de nuestra resistencia al pensamiento racional y a la adopción de una cosmovisión científicamente informada. Por esta razón, habría que enseñarles más religión a los niños. Sería bueno mostrarles que las creencias religiosas son un refugio para la ignorancia.

Y no es que la ignorancia sea algo vergonzoso. Lo que es vergonzoso es imponer la ignorancia. En pleno siglo XXI, las creencias religiosas están todavía tan arraigadas en las culturas de todos los rincones del planeta que uno se pregunta si vale la pena seguir insistiendo en la incompatibilidad entre fe y racionalidad científica, pues podría ser una interminable batalla en la que se pierde mucho más que se gana. Por mucho esfuerzo que autores como Dennett y Dawkins pongan en el empeño, probablemente no van a conseguir un retroceso significativo de la irracionalidad de las creencias religiosas ante el avance del conocimiento científico. Cabe preguntarse si no es contraproducente -no ya para la religión, que goza de buena salud, sino para la cultura científica- argumentar a favor de la tesis de la disyunción «ciencia o religión», pues es obvio que hay mucha más gente que cree en Dios que en la selección natural, y a la inmensa mayoría de los primeros nadie va a convencerles de que están equivocados.

¿Hacemos un buen servicio a la teoría de la evolución cuando insistimos en que la idea de selección natural contradice la de diseño planificado? Desde luego, esto es algo que afirma la propia teoría. Pero, ¿sirve de algo elevar esta contradicción a rango de prueba sobre la incompatibilidad entre ciencia y religión? Algunos pensarán que quizá sólo sirva para alentar a los creyentes a que adopten posturas anticientíficas con el fin de poner a salvo la fe amenazada. Otros pensamos que vale la pena correr el riesgo: al fin y al cabo, se trata de un debate de ideas.

Lo más irónico es que tanto Daniel Dennett como su admirado Richard Dawkins, a pesar del brillante papel que sus libros cumplen en cuanto a concienciación, coinciden con los fundamentalistas cristianos -por motivos opuestos- en lo esencial: la teoría de la evolución y la religión no pueden seguir caminando pacíficamente de la mano.


jueves, 10 de enero de 2008

Detienen a prófugo por martirio de niño en rito satánico...

El hecho sucedió en Corrientes en 2006. En un ritual mataron al niño Juan Ignacio González. Uno de los implicados fue apresado hoy en la provincia de Buenos Aires.
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La policía detuvo en la localidad de Temperley a un joven de 20 años, acusado de haber participado en el crimen ritual del niño Juan Ignacio González, conocido como "Ramoncito", ocurridó en octubre de 2006 en la ciudad correntina de Mercedes.

Fuentes de la policía bonaerense informaron hoy que se trata de César Carlos Alberto Begueristain, quien fue apresado ayer en la localidad de Temperley, en el partido bonaerense de Lomas de Zamora.

Begueristain está acusado de asesinar junto a otros hombres ya detenidos a Ramoncito durante un rito kimbanda durante el cual lo torturaron quemándolo con cigarrillos, golpeándolo y tras violarlo brindar con la sangre del niño.

El sospechoso fue apresado por agentes de la Superintendencia de Investigacions de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la policía bonaerense.

Ramoncito tenía 12 años cuando apareció violado, torturado y decapitado el 7 de octubre de 2006 en el cruce entre las vías del ferrocarril y una calle cerca de la estación de trenes de la ciudad de Mercedes, 270 kilómetros al sudeste de la capital provincial.

La víctima era uno de los dos hijos de una mujer que para sobrevivir se dedicaba a la prostitución, la cabeza del niño asesinado fue hallada sin piel ni ojos a pocos metros de distancia, clavada sobre una estaca.

El 26 de septiembre del año pasado, a la noche, fueron detenidas cuatro personas en Mercedes durante los allanamientos que se realizaron en la zona del Parque Mitre, del barrio San Martín, y culminaron a la madrugada del 27 en una vivienda ocupada por un hombre de apellido Aranda, donde se encontraron dos cráneos humanos y otros dos de monos.

En esa casa además, se hallaron varios elementos relacionados con el mundo de lo esotérico, como imágenes de San La Muerte y otros pertenecientes a prácticas del ocultismo, además de Aranda fueron detenidas otras tres personas.

En las casas allanadas también se hallaron fotografías atravesadas con alfileres, amuletos, una máscara diabólica con una túnica y restos de sangre humana.

Begueristain quedó alojado en dependencias policiales a la espera que la justicia correntina libre el exhorto para su extradición.



César Beguiristian, alias El Brujo, está acusado por el delito de "homicidio triplemente calificado". Era el último prófugo de la banda que sometió a distintas aberraciones físicas a Ramoncito, de 11 años, en 2006.


Un joven de 20 años, quien era un brujo de una organización umbanda, fue detenido en las últimas horas en la localidad bonaerense de Temperley, acusado del crimen del niño Ramón Ignacio González , cometido en octubre de 2006 en la ciudad correntina de Mercedes durante un rito satánico, informaron fuentes policiales.

González, de 11 años, fue asesinado el 7 de octubre de 2006 luego de haber sido sometido a distintas aberraciones físicas y por este hecho fueron procesadas siete personas.

El sujeto detenido fue identificado como César Beguiristian, alias El Brujo, quien está acusado por el delito de "homicidio triplemente calificado" y era el último prófugo de la banda que participó del asesinato.

La detención se llevó a cabo en la calle 30 de Septiembre al 2400, de Temperley, durante un operativo realizado por efectivos de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la Policía bonaerense.

La víctima fatal, conocida como "Ramoncito", comenzó su calvario el 7 de octubre de 2006, cuando lo sometieron a sufrimientos "atroces" en los que sus captores intentaban llevarlo a "la plenitud del dolor como una manera de ofrenda ritual", según surge de la investigación realizada por la Justicia correntina.

Al niño le seccionaron la cabeza para ubicarla en el costado izquierdo de su cuerpo, y además fue violado.


¡Qué horror !!!

sad

miércoles, 9 de enero de 2008

¿El libro más letal del planeta? (Terry Eagleton)



«El libro más letal del planeta, ahora mismo, no es el Corán, sino la Biblia. En la fe de los cristianos evangélicos está que el mundo está a las puertas del fin. Lo que no ven es que podríamos estar a las puertas del fin a causa de su fe.»

Terry Eagleton, "Contra los valores familiares"


¿Cómo viene a suceder que la fe se convierta en un motor de asesinatos y crímenes; en una palabra: de guerra?

¿Cómo viene a suceder que la fe se convierta en un motor de asesinatos y crímenes; en una palabra: de guerra? - Yahoo! Respuestas

¿El Dios del Amor es también el Dios de la Ira?
¿El Dios de la Redención es también el Dios de la Conquista Violenta?
¿El Dios del Perdón es también el Dios de la Venganza?
¿El Dios de la Paz es también el Dios de la Guerra?
¿Hay guerras santas, cruzadas santas, colonizaciones violentas santas?
En síntesis:
¿Cómo puede suceder que la fe en una religión se convierta en un motor de asesinatos y crímenes; en una palabra: de guerra?

Os agradezco de antemano vuestras respuestas.

:-)

martes, 8 de enero de 2008

¿El Catecismo traiciona sus propias enseñanzas acerca de la idolatria?

El Catecismo traiciona sus propias ensenanzas acerca de la idolatria? - Yahoo! Respuestas

"La idolatria no se refiere solo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentancion constante de la Fe.
Consiste en Divinizar lo que no es Dios*. Hay Idolatria desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios**"
(Catecismo P.586, #2113)

*Maria la llaman, Santa Maria madre de Dios, pero Maria se reconocia pecadora como nosotros y ella ofrecio sacrificios por sus pecados (Lucas 1:46 al 47 y 2:22 -24)

**Maria y los Santos son criaturas y sin embargo se les ofrecen dos clases de culto
MARIA - HIPERDULIA
SANTOS- DULIA

Quiere decir esto que el mismo Catecismo declara que los catolicos son idolatras?


---------------------------- Mi RESPUESTA:

Siempre han sido idólatras, si bien se ofenden cuando los pones ante los HECHOS. En este sentido, la Iglesia oriental lo tenía más claro: ni una sola imagen, pintada o esculpida, en sus iglesias... sólo arabescos y decoración abstracta (dentro del simetrismo).

Hay que observar que estamos ante una religión que tiene 3 DIOSES (Padre, Hijo y Espíritu Santo), 3 individualidades divinas (Personas)... y que, sin embargo, para mantenerse (de boquilla) en el monoteismo, han de hacer una declaración inapelable (dogmática) de FE: las tres divinidades (personas, individuos divinos) son UN sólo Dios (verdadero, añaden... le llaman misterio de la Trinidad, pero sólo es buscar cómo rizar el rizo)...

¿Entonces cuándo no cometen idolatría, cuando adoran al Dios verdadero? (¿y quién es ese Dios verdadero... la suma de tres "semiverdaderos"?)
¿Por qué no es idolatría adorar al dios Padre? (anciano creador)
¿Por qué no es idolatría adorar al dios Hijo? (hombre, criatura nacida de mujer)
¿por qué no es idolatría adorar al dios Espíritu Santo? (paloma, lengua de fuego)

Porque, al fin y al cabo, ninguno de los tres anteriores, por separado, es el Dios verdadero según ellos mismos...

En fin...
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Por qué algunos hombres detestan la Biblia, será porque quieren vivir sin reglas y la Biblia es un estorbo?

Por que algunos hombres detestan la Biblia, sera porque quieren vivir sin reglas, y la Biblia es un estorbo? - Yahoo! Respuestas

Me refiero a los cristianos en general. Muchos hombres (no todos) atacan constantemente a Dios, a Cristo, a los cristianos y todo lo que tiene que ver con la fe cristiana. Sera por que es una piedra en el camino para hacer y deshacer como les da la gana? A donde llegara la humanidad? Al paso que estamos no se extranen algunos, que los hombres en su afan de libertinaje diran que enamorarse de "animales" sera algo normal....no creen?

--------------------------- Mi respuesta:

La Biblia sólo puede ser un estorbo para los que la siguen... para el que ni la lee y ni siquiera sabe qué es, pues de estorbo nada de nada. Lo mismo dirán los que son fans del Corán... ¿y qué pasa con los orientales y otras razas y culturas del mundo? ¿Son zoófilos por ventura los "pobrecitos"?

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Alguien sabe de supersticiones?

Alguien sabe de supersticiones? - Yahoo! Respuestas

Resulta que hace unos años fui a una boda en la cual me regalaron una pareja de novios de cerámica. Esta parejita se me cayó en la mesa y se le rompió la cabeza al novio (se separó la cabeza del cuerpo). Me dijeron que cuando pasa esto es que el que se ha roto (en este caso el hombre) va a tener problemas graves de salud. Ahora este chico esta enfermo (puede ser casualidad o no, pero estoy preocupada). Podeís informarme que hay de cierto en esto y en el caso de que sea cierto que puedo hacer. Por favor obviar las bromas, esta pregunta va en serio.

---------------------- Mi respuesta:

¿A cuántos de los invitados le regalaron lo mismo, es decir, la parejita de novios de cerámica?
Y de esos: ¿a cuántos no se les habrá roto como a ti?
Más aún: ¿cuántos de ellos no la habrán tirado a la basura desde hace ya años, tantos como hace que se celebró la boda?

Pero bueno, si a pesar de lo anterior sigues creyendo que tú, de manera mágica (como en el Vudú), eres la responsable...

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lunes, 7 de enero de 2008

¿Una Fe ciega es una ruina del alma?

¿Una Fe ciega es una ruina del alma? - Yahoo! Respuestas

Decía François Rabelais que "ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma".
Bien, de ahí que ahora yo me pregunte si una Fe ciega (fanática), cerrada a toda ciencia humana, no será también una "ruina del alma".

Mejor respuesta - Elegida por el usuario que pregunta

Pienso que sí, que toda fe ciega es una ruina del alma, un bastión de la ignorancia, un pendón (bandera) de la irracionalidad. Si la razón busca a Dios (y para ello nada mejor que la ciencia, pues el Creador no puede estar en lo creado, pero Su pensamiento creador sí), la fe se imagina que ya lo tiene, que ya lo encontró... y así Lo pierde. La Palabra de Dios está "escrita" por todas partes, en toda la creación... y Él nunca ha hablado de otra manera. Creo, a tenor de la cita que haces, que es necesaria una "ciencia con conciencia" y una "fe con ciencia"... de lo contrario estamos en una "ruina del alma".

OgDoaD


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Comentario de la persona que pregunta:
Me gustó tu respuesta y su conclusión final.
:-)
Y a todos gracias por vuestras interesantes participaciones, pero alguna había que elegir.

Feliz Año Nuevo