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martes, 8 de enero de 2008

¿El Amor se obliga?

¿el amor se obliga? - Yahoo! Respuestas

me pregunto esto al analizar uno de los 10 mandamientos
el primero menciona:
"amarás a dios sobre todas las cosas"

pero.... el amor se puede obligar, se puede ordenar?'

yo pienso que el amor se gana, yo nunca hubiera amado a mis papas si estos no me demostraban su amor.....

como dios nos puede pedir amor,
yo creo que jesus sería el que podria pedir amor, ya que la historia cuenta que entrego SU vida por nosotros¡¡

en cambio dios?
como puede obligar amor que el no gana??

¿que pensaís?

------------------------------- Mi RESPUESTA:

A ver... estamos ante algo que fue escrito hace MILENIOS. Lo primero que hay que preguntarse es: ¿cual es el significado del concepto Amor usado en dicho texto? (De eso se ocupa la ciencia de la Hermenéutica)

Aquí nos puede ayudar el propio diccionario de nuestra lengua:
Amor.
(Del lat. amor, -o-ris).

9. m. antiguamente: Voluntad, consentimiento.
10. m. antiguamente: Convenio o ajuste.

Además, en latín, amor-oris tiene, entre sus acepciones principales, el significado de "objeto del deseo".

Ahora hagamos unas interpretaciones sinónimas de la frase del primer mandamiento (te invito a hacer más, sólo es un ejemplo): "Amarás a Dios sobre todas las cosas."

  • - Desearás a Dios sobre cualquier otra cosa (material o inmaterial).
  • - Preferirás a Dios sobre cualquier otro bien (material o inmaterial).
  • - Te ajustarás a la voluntad de Dios antes que a cualquier otra.
  • - Etcétera.

¿Ves ahora lo que quiero decir? Tu concepto de Amor no es el del Pentateuco judío (los libros escritos, según la Tradición (Torá), por Moisés, milenios antes de Jesús), sino el del Novum Testamentum (hace dos milenios) y su nuevo y único mandamiento: "que os ameis los unos a los otros como yo os he amado."

El concepto del Novum Testamentum es, filosóficamente, el del amor neoplatónico, nada que ver con el concepto de Moisés. Y si esto no se entiende y se interpretan los textos antiguos (sean éstos cuales sean) desde los conceptos modernos... pues entonces nada tiene sentido en ellos y todo aparece como lleno de contradicciones (a nuestros modernos ojos).

... ... ...

domingo, 6 de enero de 2008

¿Está Dios presente en su creación? Y si lo está, ¿de qué manera presientes su presencia?

¿Está Dios presente en su creación? Y si lo está, ¿de qué manera presientes su presencia? - Yahoo! Respuestas

¿Está Dios presente en su Creación? Y si lo está, ¿de qué manera presientes su presencia?

Me he animado a preguntaros después de leer este breve texto de Khalil Gibran (1883-1931):

En los días de mi más remota antigüedad, cuando el temblor primero del habla llegó a mis labios, subí a la montaña santa y hablé a Dios, diciéndole:
-Amo, soy tu esclavo. Tu oculta voluntad es mi ley, y te obedeceré por siempre jamás.
Pero Dios no me contestó, y pasó de largo como una potente borrasca.
Y mil años después volví a subir a la montaña santa, y volví a hablar a Dios, diciéndole:
-Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy.
Y Dios no contestó; pasó de largo como mil alas en presuroso vuelo.
Y mil años después volví a escalar la montaña santa, y hablé a Dios nuevamente, diciéndole:
-Padre, soy tu hijo. Tu piedad y tu amor me dieron vida, y mediante el amor y la adoración a ti heredaré tu Reino.
Pero Dios no me contestó; pasó de largo como la niebla que tiende un velo sobre las distantes montañas.
Y mil años después volví a escalar la sagrada montaña, y volví a invocar a Dios, diciéndole:
-¡Dios mío!, mi supremo anhelo y mi plenitud, soy tu ayer y eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en el cielo; juntos creceremos ante la faz del sol.
Y Dios se inclinó hacia mí, y me susurró al oído dulces palabras. Y como el mar, que abraza al arroyo que corre hasta él, Dios me abrazó.
Y cuando bajé a las planicies y a los valles vi que Dios también estaba allí.

hace 2 semanas

A Jacinto: Galileo, Leonardo da Vinci, Newton y Einstein creían en Dios... ¿eres tú, entonces, más sabio, menos ignorante que ellos?

by Sid Vicious Mejor respuesta - Elegida por el usuario que pregunta (OgDoaD):

No, si estar estará, pero no lo percibimos porque somos incapaces de abstraer la forma de dios, ya que éste es puro existir, carece de forma.
No ves que para símplemente demostrar su existencia tenemos que partir desde las consecuencias para hallar la causa primera: Dios? Y ni siquiera lo tenemos demasiado claro.
Además, la materia nos impide ser perfectos y captar la perfección, ya que ese es el fin último del ser humano al que sólo llegamos con la muerte.
He respondido a tu pregunta?
  • hace 2 semanas

Fuente(s):

Hoy, que estoy filosófico...

Comentario de la persona que pregunta (OgDoaD):

Podría haber elegido a Darwin, Venusiana, Beatle o Patysol. He tenido pocas respuestas pero inmejorables participaciones. Gracias a todos. Selecciono a Sid por los conceptos filosóficos inherentes en su respuesta (propios de la gnosis). Sugiero reflexionar sobre Existir: ¿es aplicable al Increado?

Comentario de Sid Vicious: Algo empieza a existir cuando es creado, y para hablar de existir, tiene que haber el no-ser, el increado. Ni el alma y el mundo son eternos, según decían Platón y Aristóteles respectivamente. Tienen un principio: cuando Dios los crea.

viernes, 4 de enero de 2008

Typus Mundi (Tratado editado en 1627)

El Typus Mundi es una obra editada en 1627 por la Compañía de Jesús, presuntamente realizada por varios de sus jesuitas. Quizás sea esta circunstancia, la de que es una creación y edición de religiosos católicos, lo que la hace particularmente rara a los ojos del profano... y del estudioso-practicante de la alquimia. Así, en todas las referencias que he encontrado dentro del ámbito alquímico-hermético, la obra es presentada como una colección de 32 grabados, cuando en realidad son 33: parece ser que molesta a los alquimistas pseudoherméticos el primer grabado, en el que se ve a San Ignacio de Loyola, así que esta plancha ha sido deliberada y malintencionadamente eliminada de sus reproducciones y de sus comentarios. Y empleo el término pseudohermético porque, para un hermetista de verdad, esta circunstancia religiosa no ha de suponer obstáculo alguno, ni en el campo doctrinal, ni ideológico, ni teórico, ni práctico...

Sin embargo, para aquellos que tengan algún conocimiento de las teorías alquímicas y de la tradición hermética, dicha plancha es, sencillamente, la clave de todas las demás. En la edición que he hecho del libro, como no podía ser de otra manera, he "rescatado", por lo tanto, dicha lámina "perdida".

Para la reconstrucción del libro, pues, he partido de dos fuentes: la edición digital en francés localizada a partir del sitio alquímico por excelencia en lo que a material literario-gráfico se refiere, The Alchemy Web Site; de aquí procede la fuente de la que he obtenido los textos. Están en francés, evidentemente. Puesto que están constituidos por unos 128 versos cortos, quizás en un futuro, más bien lejano, me decida a traducirlos; actualmente no dispongo del tiempo para ello. Las imágenes de los grabados, la parte más importante del libro, las he obtenido de la Biblioteca de la Universidad de Utrecht, de su proyecto Mnemosyne. Y lo he hecho así porque no he encontrado otro mejor material en ninguna otra fuente online.

Eugène Canseliet, en su Prefacio a la segunda edición (1958) de Las Moradas Filosofales de Fulcanelli, califica el Typus Mundi de libro "iniciático"... y yo coincido con su calificación. Ahora bien, es iniciático para aquellos que ya lleven un más bien largo camino perdidos en la práctica, ensayando vías a cuales más exóticas y convirtiendo en humos y aguas fétidas y venenosas cuanto mineral o metal hayan leído en los tratados, etcétera... pues no es un libro fácil de penetrar en su sentido, pese a la simplicidad de sus símbolos y a la inocencia de los niños que en ellos juegan... impenetrable para quien no tenga un conocimiento de la doctrina hermética bajo su vertiente cristiana.

Por último, he añadido en el libro unas pocas notas. Un par de ellas son mias, el resto, unas cinco o así, son citas de autores y estudiosos modernos y conocidos (E.Canseliet, Pierre Dujols -Magophon-, Fulcanelli y Titus Burckhardt).

El enlace para descargar el libro (2'38 Mb), en formato PDF, está disponible para los miembros del grupo "Sincretismo ecléctico" de Google en la siguiente page "mirror" del presente post:



PD: Sin embargo, los seguidores del blog teneis aquí el enlace directo:


winking

jueves, 3 de enero de 2008

Biblia Vulgata (Testamentum Vestus & Novum Testamentum)



En mi perfil (en Y!360º), en mi lista de libros, tengo referenciada la Biblia Vulgata, la cual es una traducción al latín vulgar realizada a principios del siglo V por San Jerónimo por encargo del papa Dámaso I en el 382. La versión toma su nombre de la frase "vulgata editio" ("edición para el pueblo") y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que San Jerónimo dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.

No es fácil el encontrar el texto íntegro de dicha obra sacra, pero tuve la suerte de hallarla en la Universitäts bibliothek Freiburg im Breisgau, en formato htm... tras un intenso trabajo, reuní todas las páginas web en un único archivo, el cual, posteriormente, sometí a correcciones necesarias y dí formato. Pensaba compartirlo en formato PDF, pero así "pesa" demasiado... He optado, por tanto, por dejarlo en el formato original en el que la estuve trabajando: el ODT, es decir, archivo nativo de la suite ofimática OpenOffice.org (popularmente abreviada como OOo). Desde dicha suite, si es tu deseo, puedes convertirla a PDF o al formato DOC del Office de Microsoft. En el formato ODT, los casi 1500 folios A4 de la obra sólo ocupan 1'47 megas. El OOo es libre y gratuito y puedes descargarlo desde aquí http://es.openoffice.org/

Biblia Vulgata (Testamentum Vestus & Novum Testamentum): DESCARGAR
(Está alojada en el Grupo del Blog... quizás no se produzca la descarga si no se es miembro del grupo, pero no estoy seguro).



miércoles, 2 de enero de 2008

La Cábala (conferencia de Jorge Luis Borges)



Señoras, señores:

Las diversas y a veces contradictorias doctrinas que llevan el nombre de la cábala proceden de un concepto del todo ajeno a nuestra mente occidental, el de un libro sagrado. Se dirá que tenemos un concepto análogo: el de un libro clásico. Creo que me será fácil demostrar, con ayuda de Oswald Spengler y su libro Der Untergang des Abendlandes, La Decadencia de Occidente, que ambos conceptos son distintos.

Tomemos la palabra clásico. ¿Qué significa etimológicamente? Clásico tiene su etimología en classis: "fragata", "escuadra". Un libro clásico es un libro ordenado, como todo tiene que estarlo a bordo; shipshape, como se dice en inglés. Además de ese sentido relativamente modesto, un libro clásico es un libro eminente en su género. Así decimos que el Quijote, que la Comedia, que Fausto son libros clásicos.

Aunque el culto de esos libros ha sido llevado a un extremo acaso excesivo, el concepto es distinto. Los griegos consideraban obras clásicas a la Ilíada y a la Odisea; Alejandro, según informa Plutarco, tenía siempre, debajo de su almohada, la Ilíada y su espada, los dos símbolos de su destino de guerrero. Sin embargo, a ningún griego se le ocurrió que la Ilíada fuese perfecta palabra por palabra. En Alejandría, los bibliotecarios se congregaron para estudiar la Ilíada y en el curso de ese estudio inventaron los tan necesarios (y a veces, ahora, desgraciadamente olvidados) signos de puntuación. La Ilíada era un libro eminente; se lo consideraba el ápice de la poesía, pero no se creía que cada palabra, que cada exámetro fueran inevitablemente admirables. Ello corresponde a otro concepto.

Dijo Horacio: "A veces, el buen Homero se queda dormido." Nadie diría que, a veces, el buen Espíritu Santo se queda dormido.

A pesar de la musa (el concepto de la musa es bastante vago) algún traductor inglés ha creído que cuando Homero dice: "Un hombre iracundo, tal es mi lema", "An angry man, this is my subject", no se veía al libro como admirable letra por letra: se lo veía como cambiable y se lo estudiaba históricamente; se estudiaban y se estudian esas obras de un modo histórico; se las sitúa dentro de un contexto. El concepto de un libro sagrado es del todo distinto.

Ahora pensamos que un libro es un instrumento para justificas, defender, combatir, exponer o historiar una doctrina. En la Antigüedad se pensaba que un libro es un sucedáneo de la palabra oral: sólo se lo veía así. Recordemos el pasaje de Platón donde dice que los libros son como las estatuas; parecen seres vivos pero cuando se les pregunta algo, no saben contestar. Para obviar esa dificultad inventó el diálogo platónico, que explora todas las posibilidades de un tema.

Tenemos también la carta, muy linda y muy curiosa, que Alejandro de Macedonia le envía, según Plutarco, a Aristóteles. Éste acababa de publicar su Metafísica, es decir, de mandar hacer varias copias. Alejandro lo censura, diciéndole que ahora todos podrían saber lo que antes sabían los elegidos. Aristóteles le responde defendiéndose, sin duda con sinceridad: "Mi tratado ha sido publicado y no publicado." No se pensaba que un libro expusiera totalmente un tema, se lo tenía como una suerte de guía para aompañar a una enseñanza oral.

Heráclito y Platón censuraron, por distintas razones, la obra de Homero. Esos libros eran venerados pero no se los consideraba sagrados. El concepto es específicamente oriental.

Pitágoras no dejó una línea escrita. Se conjetura que no quería atarse a un texto. Quería que su pensamiento siguiera viviendo y ramificándose, en la mente de sus discípulos, después de su muerte. De ahí proviene el magister dixit, que siempre se emplea mal. Magister dixit no quiere decir "el maestro lo ha dicho", y queda cerrada la discusión. Un pitagórico proclamaba una doctrina que quizá no estaba en la tradición de Pitágoras, por ejemplo la doctrina del tiempo cíclico. Si lo atajaban "eso no está en la tradición", respondía magister dixit, lo que le permitía innovar. Pitágoras había pensado que los libros atan, o, para decirlo en palabras de la Escritura, que la letra mata y el espíritu vivifica.

Señala Spengler en el capítulo de Der Untergang des Abendlandes consagrado a la cultura mágica que el prototipo de libro mágico es el Corán. Para los ulemas, para los doctores de la ley musulmanes, el Corán no es un libro como los demás. Es un libro (esto es increíble pero es así) anterior a la lengua árabe; no se lo puede estudiar ni histórica ni filológicamente pues es anterior a los árabes, anterior a la lengua en que está y anterior al universo. Ni siquiera se admite que el Corán sea obra de Dios; es algo más íntimo y misterioso. Para los musulmanes ortodoxos el Corán es un atributo de Dios, como Su ira, Su misericordia o Su justicia. En el mismo Corán se habla de un libro misterioso, la madre del libro, que es el arquetipo celestial del Corán, que está en el cielo y que veneran los ángeles.

Tal la noción de un libro sagrado, del todo distinta de la noción de un libro clásico. En un libro sagrado son sagradas no sólo sus palabras sino las letras con que fueron escritas. Ese concepto lo aplicaron los cabalistas al estudio de la Escritura. Sospecho que el modus operandi de los cabalistas fue debido al deseo de incorporar pensamientos gnósticos a la mística judía, para justificarse con la Escritura, para ser ortodoxos. En todo caso, podemos ver muy ligeramente (yo casi no tengo derecho a hablar de esto) cuál es o cuál fue el modus operandi de los cabalistas, que empezaron aplicando su extraña ciencia en el sur de Francia, en el norte de España -en Cataluña-, y luego en Italia, en Alemania y un poco en todas partes. También llegaron a Israel, aunque no procedieron de allí; procedían, más bien, de pensadores gnósticos y cátaros.

La idea es ésta: el Pentateuco, la Torá, es un libro sagrado. Una inteligencia infinita ha condescendido a la tarea humana de redactar un libro. El Espíritu Santo ha condescendido a la literatura, lo cual es tan increíble como suponer que Dios condescendió a ser hombre. Pero aquí condescendió de modo más íntimo: el Espíritu Santo condescendió a la literatura y escribió un libro. En ese libro, nada puede ser casual. En toda escritura humana hay algo casual.

Es conocida la veneración supersticiosa con que se rodea al Quijote, a Macbeth o a la Chanson de Roland, como a tantos otros libros, generalmente uno en cada país, salvo en Francia, cuya literatura es tan rica que admite, por lo menos, dos tradiciones clásicas; pero no entraré en ello.

Pues bien; si a un cervantista se le ocurriera decir: el Quijote empieza con dos palabras monosilábicas terminadas en n: (en y un), y sigue con una de cinco letras (lugar), con dos de dos letras (de la), con una de cinco o de seis (Mancha), y luego se le ocurriera derivar conclusiones de eso, inmediatamente se pensaría que está loco. La Biblia ha sido estudiada de ese modo.

Se dice, por ejemplo, que empieza con la letra bet, inicial de Breshit. ¿Por qué dice "en el principio, creó dioses los cielos y la tierra", el verbo en singular y el sujeto en plural? ¿Por qué empieza con la bet? Porque esa letra inicial, en hebreo, debe decir lo mismo que b -la inicial de bendición- en español, y el texto no podía empezar con una letra que correspondiera a una maldición; tenía que empezar con una bendición. Bet: inicial hebrea de brajá, que significa bendición.

Hay otra circunstancia, muy curiosa, que tiene que haber influido en la cábala: Dios, cuyas palabras fueron el instrumento de su obra (según dice el gran escritor Saavedra Fajardo), crea el mundo mediante palabras; Dios dice que la luz sea y la luz fue. De ahí se llegó a la conclusión de que el mundo fue creado por la palabra luz o por la entonación con que Dios dijo la palabra luz. Si hubiera dicho otra palabra y con otra entonación, el resultado no habría sido la luz, habría sido otro.

Llegamos a algo tan increíble como lo dicho hasta ahora. A algo que tiene que chocar a nuestra mente occidental (que choca a la mía), pero que es mi deber referir. Cuando pensamos en las palabras, pensamos históricamente que las palabras fueron en un principio sonido y que luego llegaron a ser letras. En cambio, en la cábala (que quiere decir recepción, tradición) se supone que las letras son anteriores; que las letras fueron los instrumentos de Dios, no las palabras significadas por las letras. Es como si se pensara que la escritura, contra toda experiencia, fue anterior a la dicción de las palabras. En tal caso, nada es casual en la Escritura: todo tiene que ser determinado. Por ejemplo, el número de las letras de cada versículo.

Luego se inventan equivalencias entre las letras. Se trata a la Escritura como si fuera una escritura cifrada, criptográfica, y se inventan diversas leyes para leerla. Se puede tomar cada letra de la Escritura y ver que esa letra es inicial de otra palabra y leer esa otra palabra significada. Así, para cada una de las letras del texto.

También pueden formarse dos alfabetos: uno, digamos, de la a a la l y otro de la m a la z, o lo que fueran en letras hebreas; se considera que las letras de arriba equivalen a las de abajo. Luego se puede leer el texto (para usar la palabra griega) boustróphedon: es decir, de derecha a izquierda, luego de izquierda a derecha, luego de derecha a izquierda. También cabe atribuir a las letras un valor numérico. Todo esto forma una criptografía, puede ser descifrado y los resultados son atendibles, ya que tienen que haber sido previstos por la inteligencia de Dios, que es infinita. Se llega así, mediante esa criptografía, mediante ese trabajo que recuerda el del Escarabajo de oro de Poe, a la Doctrina.

Sospecho que la doctrina fue anterior al modus operandi. Sospecho que ocurre con la cábala lo que ocurre con la filosofía de Spinoza: el orden geométrico fue posterior. Sospecho que los cabalistas fueron influidos por los gnósticos y que, para que todo entroncara con la tradición hebrea, buscaron ese extraño modo de descifrar letras.

El curioso modus operandi de los cabalistas está basado en una premisa lógica: la idea de que la Escritura es un texto absoluto, y en un texto absoluto nada puede ser obra del azar.

No hay textos absolutos; en todo caso los textos humanos no lo son. En la prosa se atiende más al sentido de las palabras; en el verso, al sonido. En un texto redactado por una inteligencia infinita, en un texto redactado por el Espíritu Santo, ¿cómo suponer un desfallecimiento, una grieta? Todo tiene que ser fatal. De esa fatalidad los cabalistas dedujeron su sistema.

Si la Sagrada Escritura no es una escritura infinita, ¿en qué se diferencia de tantas escrituras humanas, en qué difiere el Libro de los Reyes de un libro de historia, en qué el Cantar de los Cantares de un poema? Hay que suponer que todos tienen infinitos sentidos. Escoto Erígena dijo que la Biblia tiene infinitos sentidos, como el plumaje tornasolado de un pavo real.

Otra idea es que hay cuatro sentidos en la Escritura. El sistema podría enunciarse así: en el principio hay un Ser análogo al Dios de Spinoza, salvo que el Dios de Spinoza es infinitamente rico; en cambio, el En soph vendría a ser para nosotros infinitamente pobre. Se trata de un Ser Primordial y de ese Ser no podemos decir que existe, pues si decimos que existe entonces también existen las estrellas, los hombres existen, las hormigas. ¿Cómo pueden participar de esa misma categoría? No, ese Ser primordial no existe. Tampoco podemos decir lo que piensa, porque pensar es un proceso lógico, se pasa de una premisa a una conclusión. Tampoco podemos decir que quiere, porque querer una cosa es sentir que nos falta. Tampoco, que obra. El En soph no obra, porque obrar es proponerse un fin y ejecutarlo. Además, si el En soph es infinito (diversos cabalistas lo comparan con el mar, que es un símbolo del infinito), ¿cómo puede querer otra cosa? Y ¿qué otra cosa podría crear sino otro Ser infinito que se confundiría con él? Ya que desdichadamente es necesaria la creación del mundo, tenemos diez emanaciones, las Sephiroth que surgen de Él, pero que no son posteriores a Él.

La idea del Ser eterno que siempre ha tenido esas diez emanaciones es de difícil comprensión. Esas diez emanaciones emanan una de otra. El texto nos dice que corresponden a los dedos de la mano. La primera emanación se llama la Corona y es comparable a un rayo de luz que surge del En soph, un rayo de luz que no lo disminuye, un ser ilimitado al que no se puede disminuir. De la Corona surge otra emanación, de ésa, otra, de ésa, otra, y así hasta completar diez. Cada emanación es tripartita. Una de las tres partes es aquella por la cual se comunica con el Ser Superior; otra, la central, es la esencial; otra, la que le sirve para comunicarse con la emanación inferior.

Las diez emanaciones forman un hombre que se llama el Adam Kadmon, el Hombre Arquetipo. Ese hombre está en el cielo y nosotros somos su reflejo. Ese hombre, de esas diez emanaciones, emana un mundo, emana otro, hasta cuatro. El tercero es nuestro mundo material y el cuarto es el mundo infernal. Todos están incluidos en el Adam Kadmon, que comprende al hombre y su microcosmo: todas las cosas.

No se trata de una pieza de museo de la historia de la filosofía; creo que este sistema tiene una aplicación: puede servirnos para pensar, para tratar de comprender el universo. Los gnósticos fueron anteriores a los cabalistas en muchos siglos; tienen un sistema parecido, que postula un Dios indeterminado. De ese Dios que se llama Pieroma (la Plenitud), emana otro Dios (estoy siguiendo la versión perversa de Ireneo), y de ese Dios emana otra emanación, y de esa emanación otra, y de ésa, otra, y cada una de ellas constituye un cielo (hay una torre de emanaciones). Llegamos al número trescientos sesenta y cinco, porque la astrología anda entreverada. Cuando llegamos a la última emanación, aquella en que la parte de Divinidad tiende a cero, nos encontramos con el Dios que se llama Jehová y que crea este mundo.

¿Por qué crea este mundo tan lleno de errores, tan lleno de horror, tan lleno de pecados, tan lleno de dolor físico, tan lleno de sentimiento de culpa, tan lleno de crímenes? Porque la Divinidad ha ido disminuyéndose y al llegar a Jehová crea este mundo falible.

Tenemos el mismo mecanismo en las diez Sephiroth y en los cuatro mundos que va creando. Esas diez emanaciones, a medida que se alejan del En soph, de lo ilimitado, de lo oculto, de los ocultos -como lo llaman en su lenguaje figurado los cabalistas-, van perdiendo fuerza, hasta llegar a la que crea este mundo, este mundo en el que estamos nosotros, tan llenos de errores, tan expuestos a la desdicha, tan momentáneos en la dicha. No es una idea absurda; estamos enfrentados con un problema eterno que es el problema del mal, tratado espléndidamente en el Libro de Job que, según Froude, es la obra mayor de todas las literaturas.

Ustedes recordarán la historia de Job. El hombre justo perseguido, el hombre que quiere justificarse ante Dios, el hombre condenado por sus amigos, el hombre que cree habersse justificado y al final Dios le habla desde el torbellino. Le dice que Él está más allá de las medidas humanas. Toma dos curiosos ejemplos, el elefante y la ballena, y dice que Él los ha creado. Debemos sentir, observa Max Brod, que el elefante, Behemoth ("los animales") es tan grande que tiene nombre en plural, y luego Leviatán puede ser dos monstruos, la ballena o el cocodrilo. Dice que Él es tan incomprensible como esos monstruos y no puede ser medido por los hombres.

A lo mismo llega Spinoza, cuando dice que dar atributos humanos a Dios es como si un triángulo dijera que Dios es eminentemente triangular. Decir que Dios es justo, misericordioso, es tan antropomórfico como afirmar que Dios tiene cara, ojos o manos.

Tenemos, pues, una Divinidad superior y tenemos otras emanaciones inferiores. Emanaciones parece la palabra más inofensiva para que Dios no tenga la culpa; para que la culpa sea, como dijo Schopenhauer, no del rey sino de sus ministros, y para que esas emanaciones produzcan este mundo.

Se han intentado algunas defensas del mal. Para empezar, la defensa clásica de los teólogos, que declara que el mal es negativo y que decir "el mal" es decir simplemente ausencia del bien; lo cual, para todo hombre sensible, es evidentemente falso. Un dolor físico cualquiera es tan vívido o más vívido que cualquier placer. La desdicha no es la ausencia de dicha, es algo positivo; cuando somos desdichados lo sentimos como una desdicha.

Hay un argumento, muy elegante pero muy falso, de Leibniz, para defender la existencia del mal. Imaginemos dos bibliotecas. La primera está hecha de mil ejemplares de la Eneida, que se supone un libro perfecto y que acaso lo es. La otra contiene mil libros de valor heterogéneo y uno de ellos es la Eneida. ¿Cuál de las dos es superior? Evidentemente, la segunda. Leibniz llega a la conclusión de que el mal es necesario para la variedad del mundo.

Otro ejemplo que suele tomarse es el de un cuadro, un cuadro hermoso, digamos de Rembrandt. En la tela hay lugares oscuros que pueden corresponder al mal. Leibniz parece olvidar, cuando toma el ejemplo de las telas o el de los libros, que una cosa es que haya malos libros en una biblioteca y otra es ser esos libros. Si nosotros somos alguno de esos libros estamos condenados al infierno.

No todos tienen el éxtasis -y no sé si siempre lo tuvo- de Kierkegaard, quien dijo que si había una sola alma en el infierno, necesaria para la variedad del mundo, y esa alma fuera la suya, cantaría desde el fondo del Infierno la alabanza del Todopoderoso.

No sé si es fácil sentirse así; no sé si después de algunos minutos de infierno Kierkegaard hubiera seguido pensando igual. Pero la idea, como ustedes ven, se refiere a un problema esencial, al de la existencia del mal, que los gnósticos y los cabalistas resuelven del mismo modo.

Lo resuelven diciendo que el universo es obra de una Divinidad deficiente, cuya fracción de divinidad tiende a cero. Es decir, de un Dios que no es el Dios. De un Dios que desciende lejanamente de Dios. No sé si nuestra mente puede trabajar con palabras tan vastas y vagas como Dios, como Divinidad, o con la doctrina de Basílides de las trescientas sesenta y cinco emanaciones de los gnósticos. Sin embargo, podemos aceptar la idea de una divinidad deficiente, de una divinidad que tiene que amasar este mundo con material adverso. Llegaríamos así a Bernard Shaw, quien dijo: "God is in the making", "Dios está haciéndose". Dios es algo que no pertenece al pasado, que quizá no pertenezca al presente: es la Eternidad. Dios es algo que puede ser futuro: si nosotros somos magnánimos, incluso si somos inteligentes, si somos lúcidos, estaremos ayudando a construir a Dios.

En El Fuego Imperecedero de Wells el argumento sigue el del Libro de Job y su héroe se le parece. El personaje, cuando está bajo la anesteria, sueña que entra en un laboratorio. La instalación es pobre y allí trabaja un hombre viejo. El hombre viejo es Dios; se muestra bastante irritado. "Estoy haciendo lo que puedo, le dice, pero realmente tengo que luchar con un material muy difícil." El mal sería el material intratable por Dios y el bien sería la bondad. Pero el bien, a la larga, estaría destinado a triunfar y está triunfando. No sé si creemos en el progreso; yo creo que sí, al menos en la forma de la espiral de Goethe: vamos y volvemos, pero en suma estamos mejorando. ¿Cómo podemos hablar así en esta época de tantas crueldades? Sin embargo, ahora se toman prisioneros y se los envía a la cárcel, posiblemente a campos de concentración; pero se toman enemigos. En tiempos de Alejandro de Macedonia lo natural parecía que un ejército victorioso matara a todos los vencidos y que una ciudad vencida fuese arrasada. Quizá intelectualmente estemos mejorando también. Una prueba de ello sería este hecho tan humilde de que nos interese lo que pensaron los cabalistas. Tenemos una inteligencia abierta y estamos listos a estudiar no sólo la inteligencia de otros sino la estupidez de otros, las supersticiones de otros. La cábala no sólo no es una pieza de museo, sino una suerte de metáfora del pensamiento.

Querría hablar ahora de uno de los mitos, de una de las leyendas más curiosas de la cábala. La del golem, que inspiró la famosa novela de Meyrink que me inspiró un poema. Dios toma un terrón de tierra (Adán quiere decir tierra roja), le insufla vida y crea a Adán, que para los cabalistas sería el primer golem. Ha sido creado por la palabra divina, por un soplo de vida; y como en la cábala se dice que el nombre de Dios es todo el Pentateuco, salvo que están barajadas las letras, así, si alguien poseyere el nombre de Dios o si alguien llegara al Tetragrámaton -el nombre de cuatro letras de Dios- y supiera pronunciarlo correctamente, podría crear un mundo y podría crear un golem también, un hombre.

Las leyendas del golem han sido hermosamente aprovechadas por Gershom Scholem en su libro El Simbolismo de la Cábala, que acabo de leer. Creo que es el libro más claro sobre el tema, porque he comprobado que es casi inútil buscar las fuentes originales. He leído la hermosa y creo que justa traducción (yo no sé hebreo, desde luego) del Sefer Ietzira o Libro de la Creación, que ha hecho León Dujovne. He leído una versión del Zohar o Libro del Esplendor. Pero estos libros no fueron escritos para enseñar la cábala, sino para insinuarla; para que un estudiante de la cábala pueda leerlos y sentirse fortalecido por ellos. No dicen toda la verdad: como los tratados publicados y no publicados de Aristóteles.

Volvamos al golem. Se supone que si un rabino aprende o llega a descubrir el secreto nombre de Dios y lo pronuncia sobre una figura humana hecha de arcilla, ésta se anima y se llama golem. En una de las versiones de la leyenda, se inscribe en el frente del golem la palabra EMET, que significa verdad. El golem crece. Hay un momento en que es tan alto que su dueño no puede alcanzarlo. Le pide que le ate los zapatos. El golem se inclina y el rabino sopla y logra borrarle el aleph o primera letra de EMET. Queda MET, muerte. El golem se transforma en polvo.

En otra leyenda un rabino o unos rabinos, unos magos, crean un golem y se lo mandan a otro maestro, que es capaz de hacerlo pero que está más allá de esas vanidades. El rabino le habla y el golem no le contesta porque le están negadas las facultades de hablar y concebir. El rabino sentencia: "Eres un artificio de los magos; vuelve a tu polvo." El golem cae deshecho.

Por último, otra leyenda narrada por Scholem. Muchos discípulos (un solo hombre no puede estudiar y comprender el Libro de la Creación) logran crear un golem. Nace con un puñal en las manos y les pide a sus creadores que lo maten "porque si yo vivo puedo ser adorado como un ídolo". Para Israel, como para el protestantismo, la idolatría es uno de los máximos pecados. Matan al golem.

He referido algunas leyendas pero quiero volver a lo primero, a esa doctrina que me parece atendible. En cada uno de nosotros hay una partícula de divinidad. Este mundo, evidentemente, no puede ser obra de un Dios todopoderoso y justo, pero depende de nosotros. Tal es la enseñanza que nos deja la cábala, más allá de ser una curiosidad que estudian historiadores o gramáticos. Como el gran poema de Hugo "Ce que dit la bouche d'ombre", la cábala enseñó la doctrina que los griegos llamaron apokatástasis, según la cual todas las criaturas, incluso Caín y el Demonio volverán, al cabo de largas transmigraciones, a confundirse con la divinidad de la que alguna vez emergieron.


FIN


Conferencia de Jorge Luis Borges en el teatro Coliseo de Buenos Aires, Argentina, el 26 de julio de 1977. Es la sexta de un ciclo de siete ofrecidas en dicho Coliseo (entre el 1 de Junio y el 3 de Agosto de dicho año). Este tema fue decidido las vísperas, pues Borges desistió a última hora de hablar de los gnósticos de Alejandría, como había anunciado.

martes, 1 de enero de 2008

When Death Moans Your Name... (Cuando la Muerte Gime Tu Nombre...)




«Ser sabio no consiste en tener conocimientos. Ser sabio significa realizar algo con tu consciencia; primero por dentro y después por fuera, sentir el latido de la vida dentro de ti y después por fuera. Para experimentar esta misteriosa consciencia que eres, primero tienes que experimentarla en la más profunda esencia de tu ser, porque esa es la puerta más cercana a la consciencia universal. Una vez has conocido en tu interior, no es difícil conocerla en el exterior. Pero recuerda: el hombre sabio nunca acumula conocimientos, su sabiduría es espontánea. El conocimiento siempre pertenece al pasado, la sabiduría al presente.

Recuerda estas distinciones. Excepto que comprendas con mucha claridad la diferencia entre conocimiento y sabiduría, no podrás entender estos sutras de Gautama el Buda. Y son de tremenda importancia. El conocimiento satisface al ego;
la sabiduría destruye al ego por completo. Por eso la gente busca el conocimiento. Es muy raro encontrar un buscador que esté comprometido con la sabiduría y no esté interesado en el conocimiento. Conocimiento significa tener teorías sobre la verdad; sabiduría es la verdad en si.

El conocimiento lo adquieres de segunda mano; la sabiduría es de primera mano. Conocimiento significa creencia: otros lo expresan y tú lo crees. ¡Pero todas las creencias son falsas! Ninguna creencia es verdad nunca. Incluso si crees en la palabra de Buda, en el momento en que lo crees se vuelve una mentira. La verdad no se puede creer; o bien sabes o no sabes. Si sabes, no hay lugar para creer; si no sabes, tampoco es un asunto de creencias. Si sabes, sabes; si no sabes, no sabes. La creencia es una proyección de la mente tramposa; te da la sensación de saber, sin saber. Los hindúes, los musulmanes, los cristianos, los judios, los jaina, los budistas: todos ellos creen. La creencia es barata, muy fácil, nada está en juego. Fácilmente puedes creer en Dios, en la inmortalidad del alma, en la teoría de la reencarnación.

De hecho, esto se mantiene solo a un nivel superficial; en lo más profundo no te afectarán en absoluto. Cuando la muerte llame a tu puerta sabrás que todas tus creencias han desaparecido. La creencia en la inmortalidad del alma no te servirá de ayuda cuando la muerte llame a tu puerta; llorarás y gemirás y te aferrarás a la vida. Cuando la muerte llegue, te olvidarás de todo lo referente a Dios cuando la muerte llegue, no podrás recordar la teoría, y las complicadas implicaciones de la teoría de la reencarnación. Cuando la muerte llama, derriba por completo toda la estructura de conocimiento que has edificado a tu alrededor. Te deja absolutamente vacío... y con la consciencia de que toda la vida ha sido un desperdicio. La sabiduría es un fenómeno totalmente distinto.

Es experiencia, no creencia. Es una experiencia existencial, no es una referencia. NO crees en Dios; conoces a Dios. NO crees en la inmortalidad del alma, la has saboreado. NO crees en la reencarnación; la recuerdas. Recuerdas que has estado aquí muchas vidas, y si ha sido así en el pasado, va a seguir siéndolo en el futuro. Recuerdas que has estado en muchos cuerpos: has sido una roca, has sido un árbol, has sido animales, pájaros, has sido un hombre, una mujer..., has vivido en muchas formas. Ves cómo las formas van cambiado, pero la consciencia interior continúa siendo igual, por lo que puedes apreciar que sólo lo superficial cambia; lo esencial es eterno.

Esto es ver, no creer. Y todos los maestros auténticos están interesados en ayudarte a ver, no a hacerte creer. Para creer te conviertes en cristiano, hindú, musulmán. La creencia es la profesión de los sacerdotes. La sabiduría nace dentro de ti, no es una escritura. Comienzas a leer tu propia consciencia, y allí están ocultas todas las Biblias, todos los Gitas y todos los Dhammapadas.»


Osho (1931-1990), filósofo y místico hindú.


martes, 25 de diciembre de 2007

¡Oh sirviente! ¿Dónde me buscas?

Los poetas místicos son mi debilidad: me encanta el leerlos... e intentando penetrar su pensamiento y experiencia es que avanzo, con frecuencia, en mi propia concepción de lo trascendente. Kabir Das (c. 1440-1518) es uno de entre mis favoritos. Sus enseñanzas son un sincretismo entre la doctrina islamista esotérico-mística (sufismo) y el movimiento bhakti del hinduismo. (El movimiento bhakti aboga por una devoción absoluta como camino hacia la salvación). La traducción del hindi popular al bengalí la llevó a cabo Kshiti Mohan Sen; y del bengalí, trató el poeta Rabindranath Tagore de interpretar en inglés la visión y el pensamiento de Kabir... la interpretación en español es de C. Jaime Mencos. Habré de poner más poemas de este oriental místico...

¡Oh sirviente! ¿Dónde me buscas?
¡Si estoy junto a ti!
No me hallarás ni en la mezquita ni en el templo;
ni en la Kaaba ni en Kailasa;
tampoco en el rito ni en la ceremonia;
ni en el Yoga ni la renunciación.
Si, en verdad, me buscas, me verás en seguida,
en seguida, sin que tiempo alguno transcurra.

Dice Kabir:
“Oh Sadhu. Dios es el aliento de todo cuanto respira.”

O servant, where dost thou seek Me?
O servant, where dost thou seek Me?
Lo ! I am beside thee.
I am neither in temple nor in mosque:
I am neither in Kaaba nor in Kailash:
Neither am I in rites and ceremonies,
nor in Yoga and renunciation.
If thou art a true seeker, thou shalt at once see Me:
thou shalt meet Me in a moment of time.

Kabir says,
'"O Sadhu ! God is the breath of all breath."

martes, 18 de diciembre de 2007

¿De dónde venía yo cuando tú me encontraste?

"¿De dónde venía yo cuando tú me encontraste?" -Preguntó el niño a su madre.

Ella, llorando y riendo, le respondió apretándole contra su pecho:

«Estabas escondido en mi corazón, como un anhelo, amor mío: estabas en las muñecas de los juegos de mi infancia, y cuando, cada mañana, formaba yo la imagen de mi Dios con barro, a ti te hacía y te deshacía; estabas en el altar, con el Dios del hogar nuestro, y al adorarlo a Él, te adoraba a ti; estabas en todas mis esperanzas, y en todos mis cariños.

»Has vivido en mi vida y en la vida de mi madre, tú fuiste creado siglo tras siglo, en el seno del espíritu inmortal que rige nuestra casa.

»Cuando mi corazón adolescente abría sus hojas, flotabas tú, igual que una fragancia, a su alrededor; tu tierna suavidad florecía luego en mi cuerpo joven como antes de salir el Sol, la luz en el Oriente.

»Primer amor del cielo, hermano de la luz del alba, bajaste al mundo en el río de la vida y al fin te paraste en mi corazón... Que misterioso temor me sobrecoge al mirarte a ti, hijo que siendo de todos, te has hecho mío, ¡Y que miedo de perderte!

»¡Así, bien apretado contra mi pecho! ¡Ay!
¿Qué poder mágico ha enredado el tesoro del mundo, a estos mis débiles brazos?»

"El Principio", Rabindranath Tagore (1861 - 1941)

He aquí otro de esos "minitextos" cargados no sólo de belleza poética, también de profunda sabiduría (infusa). Tagore nos habla de la Vida, "el tesoro del mundo" que fluye (emana) del "seno del espíritu inmortal".


¡Dios mío!, soy tu ayer y eres mi mañana...

«En los días de mi más remota antigüedad, cuando el temblor primero del habla llegó a mis labios, subí a la montaña santa y hablé a Dios, diciéndole:
-Amo, soy tu esclavo. Tu oculta voluntad es mi ley, y te obedeceré por siempre jamás.
Pero Dios no me contestó, y pasó de largo como una potente borrasca.

Y mil años después volví a subir a la montaña santa, y volví a hablar a Dios, diciéndole:
-Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy.
Y Dios no contestó; pasó de largo como mil alas en presuroso vuelo.

Y mil años después volví a escalar la montaña santa, y hablé a Dios nuevamente, diciéndole:
-Padre, soy tu hijo. Tu piedad y tu amor me dieron vida, y mediante el amor y la adoración a ti heredaré tu Reino.
Pero Dios no me contestó; pasó de largo como la niebla que tiende un velo sobre las distantes montañas.

Y mil años después volví a escalar la sagrada montaña, y volví a invocar a Dios, diciéndole:
-¡Dios mío!, mi supremo anhelo y mi plenitud, soy tu ayer y eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en el cielo; juntos creceremos ante la faz del sol.
Y Dios se inclinó hacia mí, y me susurró al oído dulces palabras. Y como el mar, que abraza al arroyo que corre hasta él, Dios me abrazó.

Y cuando bajé a las planicies y a los valles vi que Dios también estaba allí.»

Khalil Gibran (1883-1931)


Extraordinario relato de K.Gibran, tanta profundidad en un relato tan cortito. Está en su libro "El Loco", con el subtítulo de, simplemente, "Dios". No refleja el conocimiento intelectual que yo poseo del concepto de Dios (coincidente en gran medida con el de Maimónides)... pero no queda lejano: el Presente, el instante fugaz e inaprehensible ("soy tu ayer y eres mi mañana"), una emoción poética de gran belleza y profundidad. Retrata Gibran con extraordinaria brevedad a los creyentes que no tendrán esa percepción de Dios: el esclavo obediente, el creacionista, el que espera ganar el Reino con amor y adoración... Ah, a veces uno se tropieza con textos increíblemente bellos y sabios.