viernes, 11 de enero de 2008

Budismo, entre humo y cervezas...

BBC Mundo | Cultura y Sociedad | Budismo, entre humo y cervezas

Los monjes y sacerdotes de todo el mundo suelen preguntarse qué hacer para aumentar el atractivo de sus religiones entre las generaciones más jóvenes.

En sociedades en que la vida es mucho más rápida que en épocas anteriores, donde las ciudades están superpobladas y las familias dispersas, los ritos religiosos de antaño no parecen tener gran importancia.

Pero, en Japón, un grupo de monjes budistas está tratando de cambiar esa situación.

Los religiosos se las han arreglado para presentarse con frecuencia en un bar de jazz, donde tratan de iluminar y de entretener a los demás.

Humo

El Chippy Sound Music Bar es pequeño y está lleno de humo, no de incienso, sino de cigarro.

Hay cerveza fría a granel y se escucha una grabación de un cantante bastante melódico y chic en los altoparlantes.

Éste no es el tipo de lugar donde uno normalmente esperaría encontrarse a un trío de monjes.

Pero Hogen Natori y sus dos amigos están convencidos de que es tan bueno como cualquier otro para difundir el mensaje del budismo.

Mientras avanzan hacia el escenario, tocan una campanilla.

Los usuarios del bar, que no son muchos, se callan.

Shomyo

Entonces los monjes comienzan a entonar sus cantos y el espacio se llena de melodías misteriosamente evocadoras.

Se trata del Shomyo, un tipo de canto budista que sólo existe en Japón.

Uno podría calificar a esta presentación como "budismo desnatado". Después de todo, es un espectáculo, no un sermón.

Al finalizar la primera sesión, que dura unos 20 minutos, los monjes se sientan con el público para compartir un trago y conversar un poco.

Uno de ellos saca un paquete de globos de su bolsillo y comienza a inflarlos, en forma de flores, para regalárselos a algunas de las señoras mayores que están en el bar.

Enseñanza

"Muchos japoneses no quieren ir a los templos", dice Hogen Natori, quien ha encendido un cigarro, junto a la barra, donde conversa con los bebedores.

"Creen que el budismo es muy difícil, profundo y serio, pero el budismo es mucho más que eso. Es fascinante y hasta divertido. Ése es el tipo de enseñanza que quiero difundir", añade.

En su opinión, la gente es más receptiva en un bar, mientras beben con sus amigos.

El público los acoge con calidez. Algunas de las personas presentes son un poco mayores de lo que uno esperaría encontrar normalmente en un lugar como éste, pero a todas luces están fascinadas por los jóvenes monjes.

"Fue maravilloso", dice una mujer, "es la primera vez que vengo, pero me alegro mucho de haberlo hecho. El canto fue excelente y muy próximo. Me encantó".

Un hombre, que también vino por primera vez, quedó igualmente impresionado: "Es extraordinario. El Shomyo sonó muy bien. Me siento super relajado", dijo.

Controversia

Los monjes señalan que su decisión de actuar en bares como éste ha molestado a algunos budistas.

Una mujer dijo que ellos no deberían "rebajarse" de esta manera.

"¿Tiene algún mensaje para sus críticos?", le pregunto a Hogen Natori.

"Vengan y acompáñennos", responde, "estamos diciéndole a la gente lo que es el budismo, lo que son los monjes".

"Cuando escuchan nuestros cantos, parecen sentir un gran alivio. ¡Que bueno!", añade.

Ya es hora de que comience la segunda sesión.

De nuevo el silencio y otra vez los evocadores cantos de antaño, mientras los tres monjes, con sus hábitos grises y sus cabezas afeitadas, se arrodillan frente a nosotros y comparten su fe con los bebedores.


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